jueves, 1 de octubre de 2026

primer día de octubre


Salgo a caminar. No me animé a nadar porque el aire estaba frío y me faltó aliento. 

A veces tengo la impresión de que no encontraré nada nuevo que fotografiar en mis caminatas por el mismo sitio desde hace unos 20 años, pero siempre lo encuentro. Porque el mundo es nuevo a cada instante.

Como esta flor que mi abuela Rosa llamaba manto de la virgen, del otro lado de la barda:


Luego me topé con honguitos y un caracol, pero mi camarita los sacó borrosos, menos este:


Cuando andaba caminando descalza en el jardín de arriba, me interpeló mi vecina del edificio C, una señora mayor (quizá solo un poco más que yo) cuyo nombre desconozco. "¡Qué valiente!", me dijo por mi andar en el pasto sin zapatos. "A ver cuándo me atrevo." Me dice esto cada vez y nomás no se atreve. "Es tan bueno porque estimula todo el sistema nervioso. A veces lo hago con tenis, pero no es lo mismo." Pues no, no es lo mismo, aunque no es que me considere yo especialmente valiente.

Luego salió otra vecina más joven del A y dijo que se quitaría los zapatos por le menos de camino a su coche, inspirada por mí. Ambas se quedaron con los ojos cuadrados cuando les dije que en mañanas con un poco de sol estaba nadando en la alberca del fondo. La joven dijo que ella solo se metía al agua en primavera y cuando había mucho sol. Les conté que no se sentía tan fría el agua, sobre todo después de dar unas cuantas vueltas. La joven se despidió, rumbo al trabajo supongo, y le chuleé sus aretes. De cobre, me dijo. Muy bonitos, le dije.

Luego seguí caminando y di mi acostumbrada vuelta alrededor de la alberca, donde distinguí una catarina toda roja a punto de ahogarse. Me agaché para sacarla y la vecina grande me preguntó cómo estaba el agua. Le enseñé la catarina recién salvada y me dijo que eran bichos muy inteligentes porque se reproducían solo cuando había comida y si no, no. Ojalá los seres humanos hiciéramos lo mismo, remató.


Yo me dirigí a las escaleras para volver a mi casa y, en el camino, depositar a la catarina en alguna planta alejada de la alberca.



Me di una vuelta más por el fondo del jardín y me encontré un botón de rosa anaranjada. No podía no fotografiarlo: