jueves, 22 de octubre de 2026

Pequeño monólogo vecinal


Estoy en el baño y escucho por la ventana a mi vecina de arriba. Primero pienso que habla con uno de los gatos callejeros que vagan por el condominio, aunque se me hace raro que el felino haya subido 4 pisos. Sigo escuchando y entonces colijo (como diría mi amigo Horacio) que habla con su perro, muy probablemente el cachorrito con el cual la he visto en brazos desde hace unos días. No hay ninguna respuesta del lado de la mascota:


—¡vámonos!

— (...)

—¡órale!

— (...)

—¡sáquese!

— (...)

— no puedes tomar agua de ahí

— (...)

—¿quieres agua?

— (...)

—dime que quieres agua


A lo mejor no sabe que los perros no hablan.

Recuerdo que mi mamá decía que la razón por la cual los perros se persiguen la cola era porque en alguna época sí hablaban y luego perdieron esa capacidad. Alguien (no sé si se sabía quién) profetizó que las instrucciones para que recuperaran el habla habrían de encontrarlas en la cola de alguno de ellos. Se supone que todos los perros saben esto y por eso buscan las preciadas instrucciones en su cola. 

Quizá sea el cachorro de mi vecina el que las encuentre...


martes, 20 de octubre de 2026

she'll hang the baskets

 



She'll hang the baskets on the walls
Don't you know I've seen it all before? She'll hang the baskets on the walls But I've seen it all before heard the slamming of the door Come summer come fall come winter There'll be baskets on the floor He'll go to buy her turtle wax but in his mind he won't be coming back She'll hang the baskets on the walls But I've seen it all before heard the slamming of the door Come summer come fall come winter There'll be baskets on the floor But I've seen it all before heard the slamming of the door Come summer come fall come winter There'll be baskets on the floor She'll hang the baskets on the wall She'll hang the baskets on the wall


helplessly hoping (again)

 



Helplessly hoping her harlequin hovers nearbyAwaiting a wordGasping at glimpses of gentle true spirithe runs wishing he could flyonly to trip at the sound of good-bye
Wordlessly watching he waits by the window and wondersat the empty place inside
Heartlessly helping himself to her bad dreams he worriesdid he hear a good-bye or even hello
They are 1 personThey are 2 aloneThey are 3 togetherThey are 4 for each other
Stand by the stairway you'll see something certain to tell youconfusion has its cost
Love isn't lying its loose in a lady who lingerssaying she is lost
And choking on hello
They are 1 personThey are 2 aloneThey are 3 togetherThey are 4 for each other

jueves, 15 de octubre de 2026

Invitada: Pema Chödrön


Ya tenemos todo lo que necesitamos. No hay necesidad de mejora personal. Todos estos viajes que nos echamos encima —el miedo potente de que somos malos y la esperanza de ser buenos, las identidades a las que nos aferramos tan profundamente, la rabia, la envidia y las adicciones de todo tipo— nunca tocan nuestra riqueza básica. Son como nubes que tapan temporalmente el sol. Pero todo el tiempo nuestro calor y brillantez están justo ahí. Esto es quien realmente somos. Estamos a un abrir y cerrar de ojos del despertar pleno.  


atardecer espectacular con luna nueva: ayer


Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.


miércoles, 14 de octubre de 2026

Invitado: Dzogchen Ponlop Rinpoché


Para descubrir tus preguntas reales, tómate un tiempo fuera. Deja de ver hacia adelante, adonde estás yendo, o hacia atrás, donde has estado. Cuando te detienes, hay un sentido de no ir a ningún sitio. Hay un sentido de hueco, lo cual es un alivio tremendo. Puedes simplemente respirar y ser quien eres. 



Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.


martes, 13 de octubre de 2026

gotas floridas


Salí a caminar y me encontré con el flor de mayo al fondo del jardín del fondo lleno de gotas de lluvia. Y florecido otra vez.

Saqué varias fotos y mi camarita rosa, como otras veces, captó lo que mis ojos no vieron.




¡Gotas florecidas!

Y entonces pensé en Milarepa, el yogui tibetano por excelencia, que en una ocasión se refugió en un viejo cuerno de yak durante una tormenta de granizo. 

Así las perfumadas flores rosas dentro de transparentes gotas de lluvia.

Un mundo dentro de otro mundo, más allá de lo que concebimos como posible.


domingo, 11 de octubre de 2026

balcón 2


De balcones hablo mucho, aunque esta sea apenas la segunda entrada que lo lleva en el título. (La primera, de hace casi 9 años, la encuentras aquí).

Al vivir en un departamento, los balcones, el mío y los de mis vecinos, son portales al mundo a mi alrededor. Umbrales de entrada y de salida.

Desde que nos mudamos a este departamento (hace ya 21 años), en el edificio F, llené el balcón de plantas, en el piso y en el antepecho, pretil o barandilla (qué lindas palabras estas tres, ¿no?). Esos seres vegetales venían conmigo de varias vidas anteriores, compañeros fieles para el inicio de una nueva.

Años más tarde, con un cambio de administración, se dispuso que no podría haber plantas en los balcones, o sea, en los antepechos, barandillas o pretiles, dizque por motivos de seguridad, o sea, el riesgo de que alguna cayera hacia afuera durante un temblor.

Yo he pasado ya varios temblores en este departamento y aunque llegaron a caerse cosas dentro de mi casa en el del 2017, nunca se ha caído ninguna plata, ni hacia adentro ni hacia afuera. Así, que me rehusé a quitarlas, aunque tuve la precaución de ponerlas lo más al borde posible del lado interior del pretil. En algún momento, me hicieron firmar un documento donde me hacía responsable de cualquier cosa que sucediera con mis plantas del balcón. Y lo firmé, claro.

Somos unos cuantos quienes tenemos plantas en la barandilla del balcón, doña Pina entre ellos, por supuesto. Hay quienes tienen una o dos macetas y la mayoría los tiene pelones (pobres). 

Eso sí, hay vecinos muy comprometidos con decorar sus balcones según la época del año, sobre todo a partir de septiembre, nuestro mes patrio. Hay uno en especial, en el segundo piso del edificio C, que tiene un gusto impecable. Este año celebró la mexicanidad solo a través de la iluminación bicolor, jugando con el blanco de sus persianas. Me pareció hermoso:


Ahora ya empezaron a prepararse para las festividades de finales de octubre y principios de noviembre, a saber, halloween y muertos:


Pero esto es solo el comienzo. Estoy segura de que la decoración con estos motivos se seguirá desarrollando a lo largo del como en años anteriores. De momento esas calabazas calavera sonrientes e iluminadas en un entorno naranja son un muy buen comienzo. 

Este es, sin duda, el balcón que se lleva el premio mayor cada año. Hay otros simpáticos, pero nunca tan creativos ni comprometidos, como el de los vecinos a cuyo departamento da mi habitación:


Entre más desenfocado, mejor se ve, la verdad.

O el de los papás, en el departamento de al lado, que gana bastante cuando hay sol y se hacen sombras:

O uno del último edificio, que fotografié desde lejos, desde mi propio balcón:


Bonitos tonos y poco más. 

Yo por mi parte, no decoro mi balcón. De hecho, acabo de quitar dos móviles: uno de peces de madera (quedó solo un pez solitario) y otro de gallinas de barro, porque me preocupó que los desgastados hilos que los sostenían provocaran que alguien saliera herido cuando se reventaran. Pero siempre estoy ajo avizor a los balcones vecinos.

Seguiré reportando.


sábado, 10 de octubre de 2026

Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché



La búsqueda de una vida asentada


La única cosa que todos seguimos persiguiendo es esa sensación de tener nuestras vidas finalmente asentadas. Piensas: "Una vez que llegue a la siguiente etapa, todo va a estar bien", como cuando entras a la universidad, consigues un trabajo o te casas. Pero entonces, justo después de haber alcanzado ese punto "perfecto", vuelven a surgir nuevas incertidumbres.

No se trata de que la vida quiera castigarte o lastimarte: la incertidumbre es solo parte de lo que está hecha la vida. Estás intentando agarrarte de un pedazo de hielo flotante como si fuera tierra firme, pero sigue alejándose. No importa con cuánta fuerza te agarres, nunca se va a convertir en suelo de verdad.


semilla a la deriva

Original en inglés, aquí. Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 8 de octubre de 2026

sin título 9


Escucho, en Series de El Coleccionista, Metamorfosis para 23 cuerdas solistas de Richard Strauss y me dan profundas ganas de llorar. La serie de esta semana ha sido sobre música en tiempos de guerra, donde han sonado también Haydn y Prokofiev, entre otros.

A un día del 7 de octubre y el tercer aniversario de terrorismo, muerte y genocidio, cómo duele el sufrimiento que nos infligimos los seres humanes a nosotres mismes. Y cómo conmueve cuando algunes lo hacen como música. 

Leía un poco antes sobre la difícil situación en que acabó Zohran Mamdani ayer, entre críticas de judíos y de palestinos. También me entristeció.

Es el cuento de nunca acabar, este continuo estar en guerra. Donde empieza es adentro nuestro, enseñó el Buda, cuando escindimos el mundo en "yo" y "otro" y nos creemos que así es como son las cosas.

Y así, agridulce, la imagen del amanecer de esta mañana:

Como si el cielo quisiera llorar, mientras el sol se asoma y tiñe de un naranja levísimo lo que podría, quizá, llamarse horizonte.


martes, 6 de octubre de 2026

Invitado: SS el Karmapa 17


Aprovechando las oportunidades

Cualquiera que pueda ser nuestra situación negativa, necesitamos adoptar una visión a largo plazo y sostener nuestra esperanza con una aspiración, que podría ser una meta que buscamos o una manera en que queremos ser. Nuestra aspiración es como un espía que mantiene ojo avizor para las oportunidades. En los tiempos antiguos, un espía solía sentarse en una montaña alta y contemplar tolo lo que estaba sucediendo. Mirar el camino que se extiende hacia el futuro y mantener nuestra esperanza es como ese observador. Cuando surge una oportunidad que coincide con nuestra plan, podemos invocar a nuestra experiencia para aprovecharla. Cuando la experiencia y la esperanza se unen, cualquier situación difícil, negativa o trágica que ocurra en nuestra vida, siempre podemos recomponernos y empezar de nuevo. 




Original en inglés y fuente, aquí.  Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 5 de octubre de 2026

Háblame sobre sábanas


Fue uno de los temas del grupo de práctica de escritura del pasado sábado. Me vieron raro cuando lo propuse, pero para escribir todo se vale. 

Aquí el texto que salió de mi pluma:


Me encanta doblar sábanas con alguien más (mi hijo, mi sobrino, mi nuera), sobre todo las más grandes, matrimoniales o queen, y cuando ya estamos acabando de doblarlas, jalarlas con fuerza y zafárselas de la mano al compañero de doblado. Casi siempre lo consigo porque a la gente se le suele olvidar que siempre lo hago o casi siempre y los agarro desprevenidos. Cada vez que lo logro suelto una carcajada, sonora y genuina. De dónde me viene esta costumbre me pregunté sin preguntarme y entonces me acordé de cuando en la casa de Cuernavaca de mi abuela Rosa se lavaba la ropa y, en especial, las sábanas. Supongo que no habría lavadora y se hacía a mano. Conforme se entraba a la casa por la puerta principal (no había otra vía de acceso salvo la barranca hasta abajo de la propiedad), había un camino empedrado hacia la izquierda que iba bordeando una superficie rectangular de pasto (el jardín principal de la casa) hasta llegar al otro lado donde se estacionaban los coches, frente a la terraza que era por donde se accedía a la casa principal, ya fuera por la cocina o por la estancia. A la derecha de ese camino había una pendiente de pasto, quizás con un camino empedrado al lado para bajar más fácilmente y quizás con una especie de pasillo a la altura de la calle. Una vez que se acababa la pendiente de pasto, se llegaba a la zona de servicio de la casa: estaban los lavaderos, oscuros y húmedos, la sala de máquinas que tenía algo que ver con la alberca, oscura y húmeda, y creo que una bodega con herramientas de jardín y la cortadora de pasto, también oscura y también húmeda. Había tubos clavados en el pasto entre los cuales se colgaban los tendederos para la ropa. Recuerdo las sábanas blanca secándose al sol y al viento. Y supongo que en las vacaciones de verano mi abuela Rosa nos mandaba a mi hermano y a mí a ayudar a destenderlas y doblarlas. Entonces él y yo jugábamos a jalarnos las sábanas de entre las manos cuando estaban a medio doblar, intentando hacerlo antes que el compañero. Y entonces soltábamos una carcajada, sonora y genuina, supongo.


Y por puro gusto, esta foto de sábanas blancas tendidas al sol en un hotel en Tepoztlán donde pasé unas noches con un amante hace mucho tiempo:





jueves, 1 de octubre de 2026

primer día de octubre


Salgo a caminar. No me animé a nadar porque el aire estaba frío y me faltó aliento. 

A veces tengo la impresión de que no encontraré nada nuevo que fotografiar en mis caminatas por el mismo sitio desde hace unos 20 años, pero siempre lo encuentro. Porque el mundo es nuevo a cada instante.

Como esta flor que mi abuela Rosa llamaba manto de la virgen, del otro lado de la barda:


Luego me topé con honguitos y un caracol, pero mi camarita los sacó borrosos, menos este:


Cuando andaba caminando descalza en el jardín de arriba, me interpeló mi vecina del edificio C, una señora mayor (quizá solo un poco más que yo) cuyo nombre desconozco. "¡Qué valiente!", me dijo por mi andar en el pasto sin zapatos. "A ver cuándo me atrevo." Me dice esto cada vez y nomás no se atreve. "Es tan bueno porque estimula todo el sistema nervioso. A veces lo hago con tenis, pero no es lo mismo." Pues no, no es lo mismo, aunque no es que me considere yo especialmente valiente.

Luego salió otra vecina más joven del A y dijo que se quitaría los zapatos por le menos de camino a su coche, inspirada por mí. Ambas se quedaron con los ojos cuadrados cuando les dije que en mañanas con un poco de sol estaba nadando en la alberca del fondo. La joven dijo que ella solo se metía al agua en primavera y cuando había mucho sol. Les conté que no se sentía tan fría el agua, sobre todo después de dar unas cuantas vueltas. La joven se despidió, rumbo al trabajo supongo, y le chuleé sus aretes. De cobre, me dijo. Muy bonitos, le dije.

Luego seguí caminando y di mi acostumbrada vuelta alrededor de la alberca, donde distinguí una catarina toda roja a punto de ahogarse. Me agaché para sacarla y la vecina grande me preguntó cómo estaba el agua. Le enseñé la catarina recién salvada y me dijo que eran bichos muy inteligentes porque se reproducían solo cuando había comida y si no, no. Ojalá los seres humanos hiciéramos lo mismo, remató.


Yo me dirigí a las escaleras para volver a mi casa y, en el camino, depositar a la catarina en alguna planta alejada de la alberca.



Me di una vuelta más por el fondo del jardín y me encontré un botón de rosa anaranjada. No podía no fotografiarlo: