jueves, 22 de octubre de 2026

Pequeño monólogo vecinal


Estoy en el baño y escucho por la ventana a mi vecina de arriba. Primero pienso que habla con uno de los gatos callejeros que vagan por el condominio, aunque se me hace raro que el felino haya subido 4 pisos. Sigo escuchando y entonces colijo (como diría mi amigo Horacio) que habla con su perro, muy probablemente el cachorrito con el cual la he visto en brazos desde hace unos días. No hay ninguna respuesta del lado de la mascota:


—¡vámonos!

— (...)

—¡órale!

— (...)

—¡sáquese!

— (...)

— no puedes tomar agua de ahí

— (...)

—¿quieres agua?

— (...)

—dime que quieres agua


A lo mejor no sabe que los perros no hablan.

Recuerdo que mi mamá decía que la razón por la cual los perros se persiguen la cola era porque en alguna época sí hablaban y luego perdieron esa capacidad. Alguien (no sé si se sabía quién) profetizó que las instrucciones para que recuperaran el habla habrían de encontrarlas en la cola de alguno de ellos. Se supone que todos los perros saben esto y por eso buscan las preciadas instrucciones en su cola. 

Quizá sea el cachorro de mi vecina el que las encuentre...


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