Escucho, en Series de El Coleccionista, Metamorfosis para 23 cuerdas solistas de Richard Strauss y me dan profundas ganas de llorar. La serie de esta semana ha sido sobre música en tiempos de guerra, donde han sonado también Haydn y Prokofiev, entre otros.
A un día del 7 de octubre y el tercer aniversario de terrorismo, muerte y genocidio, cómo duele el sufrimiento que nos infligimos los seres humanes a nosotres mismes. Y cómo conmueve cuando algunes lo hacen como música.
Leía un poco antes sobre la difícil situación en que acabó Zohran Mamdani ayer, entre críticas de judíos y de palestinos. También me entristeció.
Es el cuento de nunca acabar, este continuo estar en guerra. Donde empieza es adentro nuestro, enseñó el Buda, cuando escindimos el mundo en "yo" y "otro" y nos creemos que así es como son las cosas.
Y así, agridulce, la imagen del amanecer de esta mañana:
Como si el cielo quisiera llorar, mientras el sol se asoma y tiñe de un naranja levísimo lo que podría, quizá, llamarse horizonte.
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