martes, 25 de mayo de 2021

espejismo / ilusión


 









espejismo

De espejo e -ismo.

1. m. Ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta, lo cual hace que los objetos lejanos den una imagen más cercana e invertida.

2. m. ilusión (‖ concepto o imagen sin verdadera realidad).


O sea, la vida misma. No nada más en el desierto o en la carretera. Sino caminando por los vericuetos de mi condominio.

Salgo del pasillo que recorre la parte trasera de los tres últimos edificios y en la pared del "G", veo lo que me parecen dos hojas secas adosadas al muro. Pero cómo llegaron ahí. Cómo se sostienen ahí. Me pregunto y me acerco. Y veo que no son hojas. Tienen la forma de dos triángulos superpuestos. Pero no alcanzo a descifrar qué son. Me acerco un poco más y ladeo la cabeza para un lado y para otro.

¡Ah! Mariposas. De las nocturnas, pero de un color mucho más claro. Qué harán. Me vuelvo a preguntar. Podrían estar procreando, supongo, pero su quietud es absoluta. Podrían estar vivas o podrían estar muertas. Están. Eso es seguro.

Les pega la sombra. Pienso que podría volver más tarde cuando les pegue el sol. Pero cuando me acuerdo, una nueva sombra las ha vuelto a cubrir. Y ellas siguen imperturbables. Cuando paso por el mismo punto al día siguiente, esperando reencontrarlas, parece que nunca hubieran estado allí. Estuvieron allí, me vuelvo a preguntar. Alguien las habrá visto o me lo imaginé.

Y así sucede con tantas otras cosas en la vida. Que no son lo que parecen. Que no parecen lo que son. Que etiquetamos e inventamos sin verlas. Como espejismos. Como ilusiones. A las que les pega la sombra y luego desaparecen.


ilusión

Del lat. illusio, -ōnis.

1. f. Conceptoimagen o representación sin verdadera realidadsugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.






jueves, 20 de mayo de 2021

Invitado: Dilgo Khyentse Rinpoché


 ¿Cómo se crea el samsara? ¿Cómo se alcanza la realización? 


Para conquistar la esfera superior de la naturaleza 
no creada de la mente, debemos ir a la fuente y reconocer el origen de nuestros pensamientos. 

De otro modo, un pensamiento da pie a un segundo pensamiento, el segundo al tercero, y así sucesivamente para siempre. Estamos bajo el ataque constante de los recuerdos del pasado y somos arrastrados por las expectativas del futuro, y perdemos toda conciencia del presente. 

Es nuestra propia mente la que nos desencamina hacia el ciclo de existencia. Ciegos a la naturaleza verdadera de la mente, nos aferramos a nuestros pensamientos, que no son sino manifestaciones de esa naturaleza. 

Este congela la conciencia en conceptos sólidos, tales como yo y el otro, deseable y detestable y muchos más. Así es como creamos el samsara. 

Pero si, en lugar de que nuestros pensamientos se solidifiquen, conocemos su vacuidad, entonces cada pensamiento que surge y desaparece en la mente nos presenta la realización del vacío de una manera incluso más clara. 


apariencias pasajeras en un cielo pasajero





















Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

lunes, 17 de mayo de 2021

Historia de una planta 3

Ya hay otras historias de plantas en este blog (como aquí y acá), además de que se cuelan por todos lados, en palabras o en imágenes. En realidad no me había dado cuenta cabal del lugar tan importante que juegan las plantas, las flores, las hojas, las semillas, las raíces en mi vida. Gracias a ellas es que, después de 6 meses de haber cruzado el charco de vuelta, siento que empiezo a (medio) aterrizar.

Desde abril pasado hay una planta nueva , que me regaló mi comadre María Eugenia de cumpleaños. Un amorcito, cultivado en Chimal. No es la primera vez que me traigo alguno a Cuernavaca, pero el último se murió hace unos años, calculo.

Llegando a mi casa, lo coloqué en el balcón con la intención de comprarle una maceta más grande. Entonces me di cuenta de que traía dos botones de flores. Compré, pues, el tiesto nuevo, donde lo metí con todo y su recipiente original, sabiendo que cuando una planta va a florear no es el mejor momento para trasplantarla, pues la floración le consume mucha energía y no tendrá suficiente para adaptarse a un nuevo sitio. 

A los pocos días de estar expuesta al sol brutal (aún no empezaban las lluvias), vi con algo de tristeza que los dos botones se habían secado. No me sorprendió porque Cuernavaca es muuuuucho más caliente que Chimal. Pensé, entonces, que ya podría trasplantar el amorcito y entonces vi, ahora con sorpresa y gusto, que había echado otros dos botones, adaptándose casi de inmediato al clima cuernavacense. Opté, claro, por volver a aplazar su cambio de vivienda y empecé a esperar a que los botones abrieran.

Y abrieron, así de bonitos:



Ojalá nuestras (mis) readaptaciones a los cambios fueran tan suaves y sabias como las del amorcito chimaleño.

viernes, 14 de mayo de 2021

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


El Buda dijo que hay dos tipos de sufrimiento. Uno es el sufrimiento

físico, otro es el sufrimiento mental. El sufrimiento físico es 

inevitable porque tenemos un cuerpo. Pero el sufrimiento 

mental es opcional. No necesitamos sufrir estas tormentas 

emocionales y torturarnos con todos estos sentimientos de culpa y 

vergüenza y todas estas cosas. De hecho, podemos simplemente dejar caer la

carga y estar libres en el momento. Es muy posible. Estamos practicando

para esto. Y una vez más más, en un nivel inicial, simplemente

enviarnos a nosotros mismos gentileza amorosa y compasión y amigarnos, en

lugar de estar en guerra  con nosotros mismos y torturándonos. 


lluvia y flor de mayo








Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 11 de mayo de 2021

siete/10

 









Hace un año más o menos, en pleno confinamiento madrileño, empecé a escribir sobre las 10 películas que más me han marcado. (La lista podría hacerla varias veces, pero estas primeras elecciones arrojan bastante luz sobre mi manera de entender el mundo.) La última entrada, la de la sexta peli, la hice todavía en Barcelona, en octubre pasado. Hoy vuelvo, desde Cuernavaca, para ir completando la labor.

Vi En la ciudad blanca a mis 20 años (qué década aquella, la segunda de mi vida...) en Barcelona, en el desaparecido cine Casablanca. Ya he hablado un poco de esa experiencia en este blog (aquí) y aquel momento se convirtió en parte central de un capítulo de mi novela La prima mexicana (en revisión).

Hoy, 37 años después, recuerdo vívidamente varias escenas de la película de Alain Tanner. A Bruno Ganz, por supuesto, jovencísimo y guapísimo filmándose a sí mismo en las calles imposibles de Lisboa y a Rosa, su amante portuguesa. Como me suele suceder, no recuerdo el final. (Quizás sea un mecanismo de defensa esto de olvidar los finales.) Una vez, en Lisboa, traté de volver a ver el filme, pero lo único que logramos fue que un virus infectara la compu donde lo intentamos. 

En la ciudad blanca ha estado conmigo desde entonces, más o menos presente, pero indisoluble. Ahora sé, a mi pesar, que los relojes no marchan al revés y el mundo no lo hace al derecho. Quizás saberlo sea una liberación, una bendición disfrazada.

Y, bueno, cuando se trata de esta peli, hablo de todo menos de ella. Con un argumento mínimo (un marinero alemán que deserta su barco en la capital portuguesa, donde conoce a una mesera del lugar, al tiempo que mantiene una relación epistolar con su pareja), es un poema sobre Lisboa y sobre la búsqueda (o la pérdida, según se mire) de uno mismo. Quizá algún día vuelva a verla: sería interesante mi percepción a casi 4 décadas de distancia de aquella primera vez, aunque me da un poco de susto también.

Para cerrar, dejo este enlace recién encontrado con una muy buena reseña del filme, por si a alguien le da curiosidad.

 

domingo, 9 de mayo de 2021

Invitada: Pema Chödrön

 

Protegernos del dolor

Protegernos del dolor  —el propio y el de los demás— nunca ha funcionado. Todo el mundo quiere estar libre de su sufrimiento, pero la mayoría de nosotros lo hacemos de maneras que solo empeoran las cosas. Escudarnos de la vulnerabilidad de todos los seres vivos —lo cual incluye nuestra propia vulnerabilidad— nos disocia de la experiencia plena de la vida. Nuestro mundo se encoge. Cuando nuestras metas principales son obtener comodidad y evitar la incomodidad, nos empezamos a sentir desconectados de los otros e incluso amenazados por ellos. Nos encerramos en una red de miedo. Y cuando muchas personas y países emplean este tipo de enfoque, el resultado es una situación global caótica con mucho dolor y conflicto. 


pájaros en el cielo de cuernavaca










Original en inglés y fuente, aquí.

Traducción al español e imagen, mías.


viernes, 7 de mayo de 2021

hoy tengo mono

 A veces me gusta abrir la llave del gas de la estufa y tardarme unos segundos en darle al botón que saca la chispa que enciende la flama. Así, se acumula un poco más de gas del conveniente y cuando se prende lanza una flama grande, amenazante, pero no aterradora. Si lo hago con el comal de barro encima (más por descuido que por voluntad) entonces puede ser más peligroso, porque el gas no huele, se amotina y cuando enciende me podría alcanzar a quemar. Aunque nunca ha pasado.

Quizás todo esto sea porque tengo mono. Que acá, en México no quiere decir nada. Como chango en España tampoco transmite ningún significado. Porque chango es mono, simio pues, solo en México. Pero acá no tenemos chango, ni tenemos mono.

Tener mono, que allá es el sinónimo coloquial del síndrome de abstinencia, es el sinónimo espiritual, según yo, de la falta de satisfacción, fuente ineludible del sufrimiento, Mentalidad de pobreza, según el Buda.

Y qué mono que tengo yo hoy de Madrid. De mi María. De Ata. Del cielo azul Madrid y de otra vida, por más ilusoria que sea, como la mía. Hoy.


Madrid, mayo 2020




jueves, 6 de mayo de 2021

sabiduría zen

 El tiempo es vida

por Norman Fischer y Susan Moon

 
Estar ocupado o no estarlo no es una cuestión de qué tanto tengas que hacer. Depende de tu visión, de tu actitud. Si insistes en que el tiempo es un contenedor limitado que está casi lleno y ahora estás intentando embutir tres o cuatro cosas más en él, entonces sí, estás demasiado ocupado. Te pones ansioso. Pero si reconoces que el tiempo es vida, entonces simplemente haces lo que sea que estés haciendo cuando lo estás haciendo y cuando terminas, haces otra cosa. Quizá no completes todas las tareas en tu lista. ¡Pero nada está al fin y al cabo completo! Todos nos moriremos con asuntos pendientes y, al mismo tiempo, con todo completo. 


Amanece sobre la moringa en Cuernavaca

Fragmento tomado de este libro y traducido por mí.

miércoles, 5 de mayo de 2021

5 de mayo

Imposible no pensar en mis papás un día como hoy. Es parte del imaginario familiar. Supongo. El 5 de mayo era su día. Hoy lo habrían celebrado 59 veces, a sus 86 años, si hubieran llegado, lo cual no era impensable. Pero no llegaron. Ninguno de los dos. De haberlo hecho, yo creo que se hubieran seguido celebrando Yo creo que habrían seguido juntos, por ello no me parece tan descabellado celebrarlos yo y honrar así mis orígenes. Seguir reconciliándome.

 En mi casa tengo un par de fotos de ellos a la vista, digamos.


 En esta están de luna de miel en Sevilla. No tengo idea quién la tomó —quizá un paseante que se encontraron— ni con qué cámara. No me acuerdo tampoco cuándo llegó a mis manos ni si yo la enmarqué o ya venía así. Sí recuerdo que contaban que su luna de miel había durado, por lo menos, un par de meses y la estancia más larga había sido en España. Tendrían a la sazón 28 años, 30 menos de los que hoy tengo yo. Tres más de los que cumplirá mi hijo el próximo agosto. Y sonreían mucho, sobre todo ella, quizás no nada más para la cámara. Quizás fueron felices, aun momentáneamente.

 


 


Y acá están en el claustro de alguna iglesia o convento en México. Quizás en Querétaro. Más o menos a sus 50 años de edad. Es posible que la foto la tomara yo, con la Retinette de mi papá, que quizá ya era mía. Es posible que haya sido en la temporada de Navidad, cuando solíamos viajar juntos los cuatro. Mi papá sonríe más aquí que ella, que aparece más como la recuerdo: seria, triste. Tendrían, sin saberlo, unos 14 años por delante para compartir su vida.

 




Hoy les dejo estas flores bañadas por el sol de esta mañana suya, deseando que hayan encontrado o estén en camino hacia un espacio feliz y libre de sufrimiento.

 


lunes, 3 de mayo de 2021

s:i:l:v:e:s:t:r:e:s:

 silvestre

Del lat. silvestris.

1. adj. Dicho de una plantaCriada naturalmente y sin cultivo.

Esta definición abarca, por supuesto, miles, millones de plantas. (Supongo.) Para mí las plantas y, más específicamente, las flores silvestres son las que nacen entre las grietas de las banquetas y los muros abandonados. En las macetas, entre especímenes con nombre y apellido. En un trozo de tierra baldía donde casi no se posan los ojos de nadie. Enredadas a una alambrada. O al fondo de un jardín cuidado y recuidado. 

Chimal








Cuernavaca









Madrid




















Todo esto me recuerda al señor del castillo plano, Rodrigo, el protagonista (¿antagonista?) de mi primera novela, Memorias a dos voces, visto por los ojos de la otra protagonista, su hija Elisa. Transcribo aquí un fragmento a propósito de esas plantas criadas naturalmente y sin cultivo:


Elisa lleva la soledad clavada en el pecho. Su mirada cae sobre el césped amarillento que antes cubría pretencioso la enorme cuesta que se desdobla frente a la construcción. Hoy nadie se molesta en regarlo. Los dos olivos, que dan nombre a la finca, sobreviven al abandono, como esperando que el señor vuelva a mirarlos con ojos orgullosos. Las hierbas se van apoderando poco a poco del terreno. Elisa se agacha y recoge una de las plantas silvestres que salen cuando hay agua. Esta ha resistido el comienzo de la época de secas. Tiene flores como lágrimas de color amarillo limón. “Bolsitas de Judas” les dicen en el pueblo. “¡Quítemelas todas! Ya ve cómo acabaron con las hortensias”, sentenció alguna vez el señor del castillo. “Si fue la lluvia la que echó a perder sus flores”, salió en su defensa el jardinero. Ni él ni nadie podía oponerse a las órdenes de Rodrigo. A escondidas, Elisa convencía al peón de indultar alguna planta de temporada, esperando que la mirada del señor no la condenara. Hoy también las hortensias se han dado por vencidas. Sucumbieron a los embates del agua para luego secarse sin remedio. Las hierbas ocupan, tímidas aún, el territorio. La bugambilia y la llamarada no tuvieron tiempo de aderezar la blancura de los muros del castillo; el descuido les ganó.





domingo, 25 de abril de 2021

haikus 20 – 28


🌼

the cat on the cushion

I wish I was

as peaceful as her

🥀

a hole in my chest

reminds me still

of your deep absence

🌺

the sound of the fans

tortures my mind

almost imperceptibly

🌼

the wind through the blinds

I wish I could

fly out the window

🥀

feathers hanging

at the door of my room

friendship past

🌺

my teacher's face

fading by the minute

I've started to grieve

🌼

one foot out

one foot in

who am I?

🥀

a knot in my throat

I wish I could cry

myself away

🌺

wind down

a minute left

it's almost over

🌼


domingo, 18 de abril de 2021

Cosas eternas

 I love things that are timeless: detergent, paper products, toys, Hostess cupcakes, scissors, rolls of tagpe, Wite-Out, hair gel, soap, nightcpas, anything made of plastic—the things that endure and survive.

Dinaw Mengestu

The Beautiful Things That Heaven Bears


  • las sensaciones de la primera vez que hice el amor
  • la fotografía de mis padres en Sevilla durante su luna de miel
  • la planta del amor, que floreció cuando me casé y siguió floreciendo después del divorcio
  • mi hijo, aunque siempre esté cambiando
  • el plato de cerámica con mi nombre y un león que alguien me regaló cuando nací
  • el rebozo rosa mexicano de seda cruda de mi abuela Rosa
  • mi fascinación por fotografiar flores, pájaros, bichos
  • el sonido de los ventiladores del supermercado junto a mi departamento
  • el aparato de televisión de mi suegra
  • el pequeño plato de barro adornado con una espiral que compré en Barcelona cuando tenía 17 años
  • mi camarita rosa
  • mi anhelo de mamá
  • una carta manuscrita en hojas de papel rayado arrancadas de un cuaderno donde un compañero de la primaria me pedía que fuera su novia
  • el pendiente de jade verde montado en oro que mi comadre me regaló cuando cumplí 50 años
  • mi tía Olga y el sabor del café con leche

viernes, 16 de abril de 2021

por cuestiones de calidad en el servicio

O algo así, terminó ayer mi conversación con un ejecutivo telefónico de Banorte, el banco fuerte de México. Tras más de una hora de conversación, el ejecutivo repitió mecánicamente, como casi todo lo que dijo, que tenía que terminar la llamada por esas mentadas cuestiones de calidad en el servicio. A juzgar por como funciona el mundo en que vivimos, supongo que si en determinado tiempo no se resuelve el problema por el cual han sido contactados, tendrán una sanción o una mala evaluación o quizá hasta los corran. Y mi problema,  por supuesto, no se había solucionado o no había certeza de que así hubiese sido. Cuando le pregunté si me iba a dejar ahí colgada, obligándome a volver a marcar y perder quién sabe cuánto tiempo más, repitió la muletilla y colgó, no sin antes agradecerme haberme comunicado a Banorte.

Cuando me di cuenta que me había quedado sin interlocutor, tenía más ganas de reír que de otra cosa y me sorprendí a mí misma no habiendo perdido del todo la compostura ante la experiencia, kafkiana como la que más. Entre un "en este caso" y otro "en este caso", forma en que el ejecutivo, cuyo nombre por fortuna he olvidado, me fue dando una serie de instrucciones, transité desde dudar de mi propio coeficiente intelectual y mi capacidad de teclear unas cuantas letras, número y signos que representan mi usuario y contraseña (mientras él pacientemente, eso sí, aunque no sé cómo estaría por dentro, me esperaba) hasta sentir un nivel de intimidad con el desconocido como si lleváramos casados varias vidas.

No faltaron las recomendaciones y casi amenazas: si el sistema ya se ha bloqueado temporalmente durante 15 minutos, lo cual sucedió por lo menos un par de veces, la siguiente podría bloquearse 7 días y, por supuesto, nadie podrá ayudarme porque el mentado sistema ha tomado el control y los seres humanos que aún quedan están a su servicio. Pensé que había triunfado cuando lo convencí de quedarse conmigo a que pasaran los 15 minutos del bloqueo y poder probar mi acceso. Faltaban unos 120 segundos  y no quería tener que empezar desde 0 otra vez. Accedió. No tengo idea por qué. Y, oh sorpresa, no se podía entrar. Tampoco tengo idea por qué y sospecho que ni él ni nadie más podrían ofrecer una explicación razonable.

Entonces, el amable ejecutivo propuso que una de las vías para ver si podía finalmente entrar a mi cuenta en línea (el motivo de la consulta) fue establecer una nueva contraseña, pues parecía o que yo la había olvidado o no sabía leerla en donde la tengo anotada o era incapaz de teclearla. Ese fue uno de los momentos cumbre de la llamada. Cuando después de no sé cuántos intentos, logramos (en plural, sí) llegar a la página para hacerlo, me encontré con una serie de instrucciones inapelables (tiene que ser alfanumérica, tiene que tener entre 8 y 15 caracteres) y luego una serie de sugerencias (puede contener mayúsculas, puede contener algún signo). Cada vez que proponía una nueva contraseña, aparecía un mensaje indicándome algún fallo: la contraseña debe tener 8 caracteres (no entre 8 y 15), la contraseña debe tener por lo menos una mayúscula (en lugar de puede contener mayúsculas). Y entonces mi diálogo se volvió casi un monólogo en el cual el ejecutivo se limitaba a asentir (con una palabra, con la voz o en silencio). Y yo me sentía cada vez más estúpida.

Una vez que el cambio de contraseña fue un éxito, le pedí que me acompañara a acceder al portal. Nos encontramos con varios problemas más que desembocaron, finalmente, en una pantalla en blanco. Y ahí fue cuando él me informó que se iba, que probara yo, que volviera a llamar al número 800 del banco. De nada valió casi rogarle, por esas cuestiones de calidad en el servicio, que son unos amos implacables.

Ahí estaba yo. Abandonada a mi suerte, pero con la opción de no perder la calma. Después de todo ya tenía una contraseña nueva y la enorme duda de si funcionaría. Decidí no hacer nada más (eran cerca de las 11 de la noche) y esperar al día siguiente. Tampoco es que la actuación del ejecutivo fuera personal, es decir, en mi contra. Lo que me parece que sí está en contra de todos es este sistema en que vivimos (y a cuya creación todos contribuimos) guiado por el miedo que se ha ido convirtiendo paso a paso en paranoia: la falsa ilusión/falsa necesidad de tener control y seguridad, en un mundo inseguro y descontrolado por definición, cambiante pues, nos ha llevado al enloquecimiento masivo en prácticamente todos los aspectos de la vida (banco, virus, relaciones, capital, clima). Lo único bueno es saber que la situación es trabajable, sigue siendo trabajable, si podemos darnos cuenta que su origen está en nuestra propia mente.

Y para quien tenga la duda de qué pasó con mi banca en línea: esta mañana al fin pude entrar, no sin algún sobresalto en el proceso. No me sentí victoriosa, pero por lo menos, y de momento, me ahorré otra plática con otro ejecutivo.


miércoles, 7 de abril de 2021

sueño 26.

Hace unos cuantos días: Estaba en Barcelona que no era Barcelona, claro, como suele suceder en los sueños. Estaba, no sé si acompañada o sola, en un sitio medio cerrado, medio abierto. Un comercio, restorán, tienda o algo así. Había bastente gente. Y de pronto, me detenía a ver a las personas y me daba cuenta de que no llevaban mascarilla (tapabocas, se dice acá) y me sacaba de onda. Bastante. Entonces les preguntaba: ¿Que ya no usan mascarilla aquí? O sea, ¿que ya no usan mascarilla en Barcelona, en España? Aludiendo a una realidad sorprendente, que no entendía.

Antes de que me contestaran, una voz interna comentó: Ya se ha metido el covid a tus sueños. Como a las series médicas que me gusta ver, pensé. Como a la vida toda.


martes, 6 de abril de 2021

obsequio poscumpleañero

Hace varios días, un par de semanas o quizá un poco más, decidí trasplantar la piedra, esa cactácea que lleva conmigo (toda o casi toda) mi vida adulta en Cuernavaca. Ya le había quedado chica su segunda maceta y tenía yo disponible una más grande. Pensé que sería un buen lugar para que la piedra pudiera estar más a sus anchas, así que procedí al cambio. Con cuidado, pero con decisión. Descubrí que, en efecto, sus raíces ya habían ocupado todo el espacio anterior y casi no había tierra. Fue emocionante tener la piedra entre las manos y sentirla latir. En su nueva maceta, que no era tanto más amplia como parecía, se veía incluso más grande. Me quedé solo un pelín preocupada de que el cambio no le sentara bien (mi miedo que nada tenía que ver con ella, en realidad). Pero pensé que podría soltar todo inquietud cuando floreara de nuevo.

Hoy, un día después de mi cumpleaños, vinieron a desayunar Yare y Santiago. Ella, volteando al balcón, me preguntó cómo iba la piedra. Le dije que aún no echaba nuevas flores, aunque tenía sus pequeñas protuberancias. Cuando ellos ya se habían ido, me asomé al balcón y descubrí, con gran gozo, que la piedra había echado no una, ni dos, ni tres, sino cuatro hermosísimas flores, que juntas parece una sola flor más grande. (A mi amiga Joana seguro le encantaría verla en persona.)



Obsequios, les decía mi abuela Rosa a los regalos, a los presentes. Y la vida te los da cuando menos te los esperas.

Life is beautiful.


viernes, 2 de abril de 2021

Invitado: Chogyam Trungpa Rinpoché


Comenzar de nuevo

Cuando alguien dice "agrio", podríamos recordar cuando mordimos un limón. Basta con escuchar la palabra "agrio" para que nuestra cara haga una expresión como si estuviéramos comiendo una lima o un limón ahora mismo. El hábito se forma a partir de la memoria, desde ese punto de vista. Solemos moldear nuestra situación presente de acuerdo con esos recuerdos habituales. En lugar de comenzar de nuevo, volvemos a lo que hemos hecho en el pasado. Eso nos es más fácil que abrirnos paso través de un territorio desconocido. Así es como se desarrollan los patrones habituales. 







Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

jueves, 1 de abril de 2021

a b r i l

Empieza hoy abril. Mi mes. Porque cumplo años el 5 y siempre lo he sentido como mío. Porque su nombre empieza con A, igual que el mío. Y la A me encanta, como el mes y como el 5. Porque haber nacido cuando nací me hace Aries, que también empieza con A. Pensamiento mágico, tal vez.

De niña, sobre todo, y de adolescente, sentía que abril y el 5 especialmente eran algo que nadie me podía quitar. Y hace un año sí que se me perdió abril. Me lo robaron, como diría aquel. Las circunstancias. Me lo pasé encerrada en un piso en Madrid, muy cerca del Bernabéu. Y hoy eso parece tan lejano como un sueño.

Hoy sueño de regreso en Cuernavaca. Ganándole a mi casa un trozo cada día. Lavando un plato de los que adornan alguna pared. Trasplantando un cactus que lleva conmigo casi 30 años. O una violeta. Fantaseando con Cadaqués, por ejemplo.

Eso sí, el Diccionario de la Lengua Española no me lo pone fácil con sus acepciones de abril:

abril

Del lat. Aprīlis.

1. m. Cuarto mes del añoque tiene 30 días.

2. m. Primera juventudEl abril de la vida.

3. m. desus. Hermosuralozaníagracia.

4. m. pl. Años de edad de una persona jovenSolo tiene veinte abriles.

Salvo lo del cuarto mes del año con sus 30 días, las demás se refieren a juventud y a juventud como sinónimo de hermosura. Como sea, yo estoy por cumplir 58 abriles, y en el hemisferio sur estaré cumpliendo 58 otoños. Por suerte, todo es relativo. Incluyendo la edad, el tiempo y la belleza.

Y siguiendo una costumbre que tenía mi mamá, sumo los dígitos de mi edad, hasta llegar a uno solo: 5 + 8 = 13, que es non y me gusta, y 1 + 3 = 4, que es par y me cae menos bien. Y al final, qué importa. Es un juego nomás o más pensamiento mágico. Y Abril es también un nombre. De una amiga muy querida, exalumna, cómplice, que ojalá pueda volver a ver pronto. 

Mientras llega y pasa el "aniversario de mi nacimiento", me acuerdo que alguna vez mi maestro, que es tibetano, comentó que era raro cómo en Occidente celebrábamos una ocasión que marca, en realidad, un año menos de vida. Cuestión de enfoque. Y cómo ayuda no casarse con uno solo.

Aquí unas violetas en abril, de las que me han ayudado a anclarme de vuelta, por más efímero que sea el anclaje :