viernes, 29 de agosto de 2025

Invitada: Heidi Priebe


Amar a alguien a largo plazo es asistir a mil funerales de las personas que solían ser. 

Las personas que ya están muy exhaustas de ser. Las personas que han dejado de ser al crecer, las personas que nunca llegaron a ser al crecer. Deseamos tanto que las personas que amamos recuperen su chispa cuando se apaga, que se encuentren rápidamente cuando se sienten perdidas. 

Pero no es nuestro trabajo pedirles cuentas de quienes solían ser. Nuestro trabajo es viajar con ellas entre cada versión y honrar lo que surge en el camino. A veces será incluso una llama más luminiscente. A veces será un destello que inunda la habitación temporalmente con una oscuridad perfecta y necesaria.  


luna nueva de agosto












Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen mías. 

miércoles, 27 de agosto de 2025

gotas de lluvia 5







 

Todas estas son gotas de lluvia recolectadas en Chimal hace unos días en casa de mi comadre. Mientras las subía para esta entrada, me puse a rastrear gotas en el blog y encontré muchas: con diferentes fondos (rosa, rojo, blanco), en blanco y negro, deslizándose por cristales. Sí, mi fascinación por las gotas recorre los casi 16 años de este espacio. Muchas veces con imágenes; otras, solo con palabras.

Acá, hace 13 años, subí la que quizá sea la primera gota en los reflejos, con la definición de la RAE de entonces (1. f. Partícula de cualquier líquido de forma esferoidal). El diccionario ha revisado la definición hoy y dice que una gota es una : f. Pequeña porción de un líquidocon forma esferoidal. (Podríamos reflexionar un poco sobre la pertinencia del cambio, pero eso se lo dejo a cada lector.) El DLE propone, además, 5 definiciones más, que van desde el campo de la medicina hasta el de la arquitectura, pasando por el ámbito de lo coloquial: f. coloq. Pizcacantidad pequeña de algoAñadir al guiso una gota de salAsí, sinónimos de gota podrían ser: chispapintagoterónlágrimapringapringo o chispapizcamigajamiaja2ápicemenudenciagrano.

También recaba 8 frases hechas con nuestro vocablo, entre las que destaco dos las que más me llamaron la atención:

cuatro gotas

  1. f. pl. Lluvia escasa y breve.
que me recuerda a aquello de "cuatro gatos" (m. pl. despect. Poca gente y sin importancia). Quién sabe por qué tan poco valorado el 4...

gota china

  1. f. Tormento que consiste en dejar caer gotas continuamente sobre el mismo punto de la cabeza de la víctima.
que me recuerda a mi abuela Rosa quien nos contaba a mi hermano y a mí sobre estos métodos atroces y crueles, con un dejo de advertencia...

El diccionario también consigna 10 expresiones que contienen la palabra que hoy nos ocupa. Las más llamativas, para mí (claro) son:

ni gota

  1. loc. pronom. coloq. nada (‖ ninguna cantidad). U. con neg. No queda ni gota de pan.
que parece romper las fronteras entre los estados líquido y sólido.

no quedarle a alguien gota de sangre en el cuerpo, o en las venas

  1. locs. verbs. U. para ponderar el terror o espanto de alguien.
que está a caballo, me parece, entre la metáfora y la hipérbole.

o
ser algo de mear y no echar gota
  1. loc. verb. coloq. Esp. U. para enfatizar la contrariedad o sorpresa desagradable que produce.
que en mi vida había oído y de la que no sabría qué más decir.

Finalmente, la RAE, habla del uso de nuestra "gota" en otras 2 entradas combinado con "clavo" o con "tormento":

clavo de gota de sebo

  1. m. clavo de cabeza semiesférica.
de esos para colgar cuadros y así, aunque no sé el uso específico (ni la forma en realidad) del de cabeza semihesférica.

y una expresión sinónima de otra que abordamos más arriba:

tormento de gota


En fin, que cuánto dan que hablar estás pequeñas maravillas, sobre todo en época de lluvias...

miércoles, 20 de agosto de 2025

Cosas que me hacen sentir segura / insegura


Cuando me dispongo a transcribir aquí dos textos de la práctica de escritura de ayer tarde, descubro que ya había atajado estos temas (aquí y acá). No lo recordaba, pero fue interesante ver las coincidencias y las diferencias.

Lo que me hace sentir segura
  • prender mi computadora de escritorio en la noche para cenar viendo una serie y que no se trabe
  • el ruido que hacen los ventiladores del súper (lo sé porque cuando se apagan me siento rara)
  • mi gata acostada junto a mí en la cama
  • que mi hijo se quede a dormir alguna noche en mi casa
  • preparar un guiso y que me quede bien (¿quién lo diría?)
  • que una amiga me llame y me pregunta cómo estoy
  • que un amigo me mande un correo electrónico para saber qué es de mi vida 
  • que mi sobrino pase el fin de semana en Cuernavaca
  • jugar un continental
  • pasar unos días en Chimal
  • qué el té negro de la mañana quede en su punto de azúcar, leche y de cargado
  • un pan con mantequilla y mermelada (sobre todo si lo prepara Santiago)
  • escuchar un disco de Macu Gavilán o el Concierto de Aranjuez
  • ir al cine
  • comerme un helado de menta con chispas

Lo que me hace sentir insegura
  • volar en avión
  • volar en avión
  • volar en avión
  • que suene el teléfono fijo y nadie hable al decirle "bueno" al auricular
  • que Santiago no llegue a la hora que dice
  • preparar una tortilla de papa y que se pegue al sartén y no la pueda reparar
  • que se me reviente la yema de un huevo estrellado al echarlo al sartén o al sacarlo del sartén
  • que se me queme un pan en el hornito
  • que me dejen en visto
  • no tener ningún paciente nuevo
  • que cancelen las interpretaciones al español en Nalandabodhi
  • que se vaya la luz y no vuelva y no vuelva y no vuelva
  • que cancelen mi serie favorita o me cambien de hora Saber y Ganar
  • que me funda el foco del refri
  • el "oye, jefa..." de Santiago con carita entre mustia y tierna
  • no escuchar bien cuando hago interpretación simultánea

lunes, 18 de agosto de 2025

Invitada: Jetsunma Tenzin Palmo


En Occidente, solemos estar mirando hacia afuera. Nuestros cinco sentidos siempre están fluyendo hacia el exterior. Incluso nuestras herramientas científicas están mirando hacia afuera en dirección a cosas objetivas.  Estudiamos lo que vemos, lo que oímos, lo que saboreamos, lo que sentimos y lo que olemos. Pero ¿quién es el que mira, saborea o toca? Porque estamos tan alejados de nuestro mundo interno, sentimos un vacío interior, una carencia interna que siempre estamos intentando llenar. Tratamos de llenarla con relaciones, tratamos de llenarla con cosas materiales: esa es la favorita. Pero no importa en cuántas relaciones nos involucremos, cuántos objetos acumulemos, adentro sigue habiendo un sentido de falta.


arte callejero en el centro de Cuernavaca












Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

sábado, 16 de agosto de 2025

Cenicienta: otra versión


Tras años de un fuerte dolor de espalda que la lleva casi al punto de la parálisis (y la incredulidad total de su madrastra, claro), la chica decide consultar un quiropráctico. Sin dilación, el médico le receta unas plantillas para equilibrar el desbalance pélvico resultado del hecho de tener una pierna más corta que la otra. Ya sospechaba ella que algo no andaba bien, pero guardaba silencio para evitar las burlas de sus hermanastras.

Imposible será estrenar los delicados zapatitos de cristal para el baile en palacio. (Menos mal, son un verdadero suplicio.) Su transparencia podría evidenciar su defecto de marca y pondría en entredicho su viabilidad como madre de futuros monarcas. Opta por calzar sus converse morados (para horror de su madrastra y sus hermanastras) como remate ideal para un vestido de tul y seda bordado en perlas (qué habilidad la de los ratones de su casa). 

El príncipe cae rendido ante su osadía y no hace falta que le pruebe ningún zapato. La desposa al momento en que el reloj da las 12 en punto de la noche. (Sus converse se quedan tan morados como siempre.) 

A partir de ese día, se impone una nueva tendencia en el reino. Quien se precie de estar a la última moda y de tener más de un millón de seguidores en instagram, se casará calzando unos converse que contrasten lo más posible con su vestido vintage (no es necesario que lo cosan ratones y pajaritos).

Los zapateros especialistas en el diseño y fabricación de calzado fino con tacón, incluidas las incomodísimas e imprácticas zapatillas de cristal, al verse al borde de la quiebra, dan un golpe de estado. Se acaba la monarquía (sin necesidad de una revolución).


viernes, 15 de agosto de 2025

Invitado: Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché


La causa de todos estos sufrimientos es nuestra inseguridad fundamental. Siempre nos estamos preguntando si existimos o no. Nuestro ego, o más bien nuestro apego a la idea de un yo, está completamente inseguro acerca de su propia existencia. Nuestro ego podría parecer fuerte, pero de hecho es bastante tambaleante. Por supuesto que no nos hacemos semejantes preguntas conscientemente, pero siempre tenemos una sensación subconsciente de inseguridad acerca de si existimos.

Intentamos usar cosas como amigos, dinero, posición y poder, y todas las cosas cotidianas que hacemos, como ver televisión o ir de compras, para de alguna manera probar y confirmar nuestra existencia. Intenta sentarte solo en una casa y no hacer absolutamente nada. Tarde o temprano tus manos alcanzarán el control remoto o el periódico. Necesitamos estar ocupados. Necesitamos estar atareados. Si no estamos ocupados, nos sentimos inseguros. 

Pero hay algo muy extraño en todo esto. El ego busca distracción constantemente y, entonces, la distracción misma se vuelve un problema. En lugar de ayudar a sentirnos tranquilos, de hecho, aumenta nuestra inseguridad. Nos obsesionamos con la distracción y se convierte en otro hábito. Una vez que se ha hecho un hábito, es difícil deshacernos de él. Así que para deshacernos de este nuevo hábito, tenemos que adoptar otro hábito más. Así es como las cosas siguen y siguen. 




Original en inglés y fuente,   aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 12 de agosto de 2025

:2:9::.


Hoy cumples 29 años, changuito, y empiezas el último año de tu tercera década en este mundo. Ya el año que entra llegarás al tercer piso, que es el inicio de la cuarta, pero eso ya es harina de otro costal.

Hoy te has convertido en un adulto, aunque a veces la etiqueta pueda ser desmotivadora o atemorizante. Sigues haciendo camino al andar, como dijo el poeta. Un camino con altas y bajas, como todos, con sueños, realidades, anhelos, decepciones: todo lo que conforma un camino humano, pues.

Hoy sigue siendo para mí una bendición acompañarte y que me acompañes. Tu presencia en mi vida ha adquirido, sobre todo en estas últimas semanas de crisis personal, una calidad sanadora, que se ha manifestado con claridad, amor y compasión. Te agradezco desde lo más profundo tu compañía y tu paciencia y tu estar sin juicios.

Hoy encuentro en ti un amigo, además del mejor hijo posible. Y te celebro. Y celebro tu vida. Y tu compañera en ella. Y tus amigos. Y tus niños, Copal y Simba. Disfruto contigo ver al Barça o escuchar a Ozzie o a Jethro Tull. Y cuando las cosas se ponen difíciles, encontramos el camino de nuevo. Y meditamos. Y traducimos. Y jugamos. Y te veo de cerca y te veo de lejos. Y me emociono y se me escapa alguna lágrima. 

Hoy te sigo mandando mi bendición cuanto te vas de la casa después de una visita corta o de una estancia más larga, de regreso a la tuya o de regreso al mundo, como Lili Potter a su bebé Harry, como contaba por acá, en tu cumple de hace 3 años. El conjuro a veces lo hago sacándote una foto por la ventana del estudio, sin que lo notes. Aquí la muestra más reciente, con gorro rojo y charco de nubes:




Y aunque el folk no es tu género favorito, te dejo esta canción que descubrí hoy en Músicas Posibles, el programa de radio cuya cortinilla te parece tan creepy. Se llama "Home is a Song" y la cantautora es Mary Chapin Carpenter, un hallazgo if you ask me... 

Creo que te gustará (espero). Los últimos versos dicen:

Where home is a song
When we arrive where we belongHome is a song

Y así me siento contigo a mi lado, más cerca o más lejos, presentes los dos.
Gracias y feliz cumpleaños....


lunes, 11 de agosto de 2025

Impermanencia 14


Tema para la sesión de práctica de escritura:

Escribe todo lo que puedas nombrar que no va a durar (15 minutos)

la próxima tormenta de verano, esta práctica de escritura, el curso de Rinpoché en Nitartha, las amistades, los amores, una bola de helado de menta con chispas en un cono crujiente, mis series médicas, las telenovelas (culebrones les llaman los españoles) aunque amenacen con no acabar nunca, la infancia, la juventud, la edad madura, la vejez, la vida, el pelo corto, el pelo largo, el pelo pintado, el bienestar, el malestar, la carga de ropa en la lavadora, el pañal de un bebé, la salud, la enfermedad, un dolor, un sueño, una ilusión, el amanecer, el atardecer, le luna en el horizonte, el sol en el zenit, mi Nokia aunque parezca eterno, el amor, el odio, las promesas, el buen tiempo, el mal tiempo, un trueno, un relámpago, la tinta de esta pluma, este cuaderno donde escribo, la fruta que recién me compró Santiago (si no me apuro se me agusanan los mangos), una docena de tortillas, 100 gramos de queso azul, 400 gramos de queso gouda, el próximo pisto/zarangollo/baba ganoush, la ansiedad, el miedo, la dificultad para respirar, los mocos, la carga de mi computadora, la punta de un lápiz, el crédito del celular, el Popo (cuya fisonomía he visto transformarse a lo largo de mi vida, aunque a mi pesar aún identifique el rostro que veía mi prima Marisa), las mascotas, nosotros, nuestros seres queridos, nuestros seres odiados, Leo y Hope (los gatos de Ahmed, el niño palestino; ojalá su Simba sobreviva un poco más, un mucho más), el llanto, la risa, una copa de vino, una chela, una vela, un foco por más ahorrador que sea, la ropa, mi ropa con todo y que la lavo con Vel Rosita, el pelo sin canas, la piel tersa, las preocupaciones, una taza de té, una conversación de las buenas o de las malas, una noche romántica, el amor de verdad, la verdad, la mentira, el nivel de los océanos, la sal del salero, el azúcar de la azucarera, mis recuerdos, un lápiz labial, las uñas pintadas incluso con gelish, el rímel, la luz del sol, las luciérnagas, mis lápices de colores, mis plumones, mis libros para iluminar, un rompecabezas, un continental, un cinco, un Dixit, un juego de Jenga, una fiesta de cumpleaños, una decepción, mi novela favorita, mi peli favorita aunque la pueda ver muchas veces, un bol con palomitas de maíz, mis lentes de ver de lejos, mis lentes de ver de cerca, el Antuanito, las relaciones de pareja, doña Pina, el año, el mes, la semana, el día, la hora, el minuto, el segundo, el momento, el buen humor, el mal humor la agonía, la muerte, la vida, el bardo, el sueño, el trabajo perfecto, el peinado perfecto, una boda, un funeral, las uñas largas, las uñas cortas


los últimos rayos del sol de la tarde de ayer




miércoles, 6 de agosto de 2025

Invitado: Dilgo Khyentse Rinpoché


Te enfermarás, padecerás dolor y encontrarás muchas circunstancias adversas. En tales momentos no pienses: "Aunque estoy practicando el Dharma [las enseñanzas de Buda], no tengo nada más que problemas. El Dharma no puede ser tan maravilloso. He seguido a un maestro y he hecho tanta práctica, y con todo me sobrevienen estos tiempos difíciles". 

Semejantes pensamientos son visiones erróneas. Debes darte cuenta de que a través de la bendición y el poder de la práctica, padeciendo enfermedades y otras dificultades ahora, estás purificando y deshaciéndote de acciones negativas. 

Purificándolas mientras tengas la oportunidad, más adelante irás de gozo en gozo. Así que no pienses: "No me merezco esta enfermedad, estos obstáculos, estas influencias negativas". Vive tus dificultades como bendiciones. Cuando experimentes tales dificultades, deberías estar feliz y evitar tener pensamientos adversos tales como: "¿Por qué me están sucediendo a mí estas cosas tan terribles?". 

atardece lejos y cerca

Original en inglés, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

martes, 5 de agosto de 2025

Mi prima Pepa


Mi prima Pepa se llamaba Josefina. Y digo se llamaba porque supe que murió el pasado 1o de agosto, después de haber estado enferma. A mí no me avisan lo que sucede en la familia, pero de un modo u otro me entero. Y también me duele lo que duele, o me alegra lo que alegra.

Mi prima Pepa se llamaba así en honor a mi tía Pipipa (sí, la tocaya de mi muñeca), la Josefina original (cuyo nombre no sé de dónde heredó) y hermana de mi abuela María Luisa (no recuerdo si mayor o menor que ella, sí recuerdo que nunca se casó y nació, vivió y murió en Avilés). Avilés fue la cuna de mi papá y de sus 3 hermanas, la segunda de las cuales, mi tía Angelita, fue la mamá de Pepa, que a su vez fue la mayor de 3: una hermana y dos hermanos. Su papá fue mi tío Federico, a quien recuerdo haciendo chistes o compartiendo su sabiduría.

De los 13 nietos y nietas de mis abuelos Román y María Luisa, de quienes hablo acá, Pepa es la pérdida más reciente. Ninguno de los primos que se ha ido, 6 ya, ha llegado a cumplir los 80, Quedamos 7: un pelín más de la mitad.

De mi prima Pepa sé poco, más allá de lo que se sabe por default, digamos, en la familia. Nunca conviví demasiado con ella. La ocasión de más cercanía fueron 9 días que pasamos en casa de su hermana Angelita en Acapulco, como cuento aquí. Entonces parecía esbozarse una relación entre adultas, pero se quedó en intento.

Entonces, en la alberca, Pepa me contó de su pasión por nadar y de su sueño de haber competido en algunos Juegos Olímpicos. Pero su mamá tenía otros planes. Creo que ella lamentaba no haber proseguido esa senda. También hablamos de oscuridades familiares y Gela, su hermana, comentó que a su mamá y a mi papá les hubiera dado gusto vernos juntas. 

La última vez que vi a Pepa debe haber sido hace 9 años, en el bautizo de su nieto Joaquín, hijo de su segunda hija, Ángela. (Ella y su hermana nombraron a sus hijas con sus propios nombres cruzados. Pepa tuvo también a Marina, su hija mayor.) No recuerdo a Pepa con claridad en esa ocasión y ya no hubo otras. Joaquín la extrañará mucho. Qué pena.

Hoy la pienso y deseo que su tránsito entre las vidas sea fluido y suave. Le dejo este botón de rosa, como promesa de una vida nueva donde espero que encuentre la felicidad duradera:
















Ojalá encuentres, prima, la paz y satisfacción que en esta vida parecían escapársete. Que mi cariño te acompañe, aun de lejos.

lunes, 28 de julio de 2025

Historia de una muñeca


Pipipa Punk llegó a mi casa en septiembre de 2023, el año que llegué yo al sexto piso, que cumplí los 60, pues. Fue el regalo de cumpleaños de Santiago que escogimos casi 5 meses después del hecho, mientras caminábamos con Yare en la Feria de Tlaltenango. Ahí estaba, en un puesto pasajero y lluvioso, entre sus hermanas, otras 2 o 3  muñecas, pero lo nuestro fue amor a primera vista. Era el regalo perfecto para el inicio de mi séptima década en el mundo.


Acá está recién llegada a casa hace casi 2 años. Encontró su lugar en el mueble del comedor, que hay quienes llaman trinchador, entre violetas y fotos y otras plantas y tazas y platitos. El nombre le viene en honor a la hermana de mi abuela María Luisa, la mamá de mi papá. Era mi tía abuela, se llamaba Josefina, le decían Pipipa y yo la conocí en Avilés, allá por 1980. Debe haber muerto algunos años después. Yo no la volví a ver. Lo de Punk le viene porque sí, por su apariencia y porque también empieza con "p".

Después de un tiempo Pipipa enfermó. Un buen día, noté que su nariz estaba agujereada. Pensé que se trataba de una herida asestada por mi gata en alguna incursión ilegal sobre el trinchador. Dado el look de la muñeca, pensé que remendarle la nariz con hilo y aguja le daría incluso un toque más interesante. Así lo hice, pero al poco tiempo, advertí que su falda negra se llenaba de polvito blanco. Pensé que venía de la pared, sin ninguna evidencia, pero una suele pensar lo que quiere pensar. Cuando Alba limpiaba el mueble, limpiaba el polvo, pero este volvía cada vez en mayores volúmenes.

Entonces descifré la cuestión: Se le estaba saliendo el relleno de la nariz, los brazos y las piernas: arroz que se había llenado de bichos que se comían a la pobre Pipipa de adentro para afuera, agujereando la tela de sus extremidades. Oh tristeza. Cómo podía ayudarla, me pregunté. Dejándola en su sitio, limpiándola, queriéndola y llevándola adonde la habíamos comprado para ver cómo podrían arreglarla. Remendarla no tenía ningún caso, pues consistía en tratar de componer desde afuera un problema interno. 

Llegó la Feria de Tlaltenango nuevamente y yo me lancé con Pipipa en una bolsa para ver qué se podía hacer. Tristemente ese año no se puso el puesto donde la había comprado. Reconocí la mercancía en el puesto de la señora que cada año viene de Cuetzalan (¿doña Carmen, quizás?) a quien le habían dejado encargadas cosas, pero nada más. Volví a casa con Pipipa que volvió a su mueble.

No quedaba más que lanzarme a Tepoz, a la tienda, La Cucaracha, de la gente del puesto, adonde Santiago ya había ido por una playera. No quería ira sola y no se armaba el plan para ir acompañada. Y así se fue postergando la ida. Un día, descubrí que Pipipa no solo expulsaba polvo blanco, sino que de sus brazos y piernas se asomaban gusanos o larvas o algo parecido. Así escrito se oye peor de lo que era, aunque en realidad, sí resultaba bastante impresionante. No me atrevía ni a moverla y deshacerme de ella era impensable.

La situación se volvía insostenible. Sí o sí tenía que llevarla a Tepoz. Finalmente, hice plan con una amiga y nos lanzamos al mágico y tristemente gentrificado pueblo. Caminamos y caminamos y caminamos, casi hasta donde empieza la subida al Tepozteco y, por fin, dimos con la tienda, donde identificamos de inmediato otras muñecas parecidas a la mía, pero ninguna tan bonita. 

Resulta que el negocio pertenece a 3 hermanas, cada una de las cuales diseña y produce diferentes productos. La creadora de las Pipipas (a las cuales creo que llama Jackies) no estaba, pero otra de ellas (se turnan los fines de semana para venir a Tepoz desde la CDMX), me dijo que le dejara la muñeca y que me daría el número de su creadora para que la contactara directamente. Debe ser especial, pensé, mientras mi amiga me insistía en que me llevara otra de las que tenían en exhibición, que era la otra oferta que me hacían. Pero expliqué que no, que Pipipa era Pipipa, que era mi muñeca y que lo que quería eran que me la arreglaran o nada. No la iba a sustituir así como así. También me informaron que nunca habían tenido ese problema. Claro, pensé, si esto le ha llegado a pasar a otra gente, la muñeca seguro acabó en la basura, pero no lo dije, solo insistí en mi petición.

Y para no hacer el cuento tan largo, para cuando me comuniqué con la mamá de mi Pipipa, me dijo que la muñeca ya estaba curada: con nariz, faldita, piernas y brazos nuevos y que podía ir a recogerla a la tienda a partir del siguiente fin de semana. Pues ni tan especial: parecía que le había hecho ilusión mi cariño por su creación. 

Hoy mi Pipipa renovada vuelve a estar en su lugar en el comedor de mi casa, como si nada y como si todo. Cuando regresó, busqué otros sitios donde ponerla, pero en ninguna se sentía bien, hasta que volvió a su nicho original. Hela aquí de paso por mi cama:



Y de pilón, está canción de los geniales 31 Minutos, que me vino a la mente cuando escribía sobre Pipipa:



miércoles, 23 de julio de 2025

Sin título 6 (la serie continúa)


Cada vez que florece esta violeta, te pienso. Aun fugazmente. Con tristeza aún. Las pérdidas duelen toda la vida. Parece. Aunque a veces menos.


Anoche descubrí que la flor medio abierta, junto con los botones que la acompañaban, se había vencido antes de abrir del todo. Le falta agua, pensé, y rauda y veloz, la regué. Igual todavía sea tiempo de salvarla. Antes de dormirme, la flor seguía igual. Quizá para la mañana se haya repuesto, pensé. Nada. Amaneció doblada, aunque la planta se ve bien.

De inmediato pensé que sería un mal presagio. De algo. No sé de qué. Nunca había visto una flor de violeta doblarse antes de abrir. El amor se acabó hace mucho. Y así es la vida. Una flor vencida no es más que una flor vencida. 
Aunque yo te recuerde al verla.
(Si revive, volveré a contarlo.)

domingo, 20 de julio de 2025

Invitado: Dzigar Kongtrul Rinpoché


Si alguien te provoca y te ofendes y estás a punto de desquitarte y decir algo hiriente, puedes hacer una pausa y detenerte, si has hecho algún análisis sobre la vacuidad del yo y tienes siquiera una duda de que las cosas no sean completamente como aparecen. Si has examinado la existencia del yo, podrías concluir que las enseñanzas del Buda son correctas: que no hay un yo, y quizás estés solo aferrándote a un yo en lugar de que un yo esté verdaderamente ahí.

Podrías concluir que el yo es una proyección, lokshé, algo que no se encuentra al analizar. Tan solo la mínima duda en tu manera habitual de aferrarte al yo y cuestionar que el yo no existe hace mucho más fácil soltar y puede evitar que una situación volátil se deteriore más. Puede hacer más fácil que evites reaccionar con violencia y agresión. Puede, en cambio, hacerte optar por actuar con gentileza hacia el mundo en general. Solo se requiere que reflexiones sobre ti misme con inteligencia. Se requiere algo de pausa. Esa pausa es necesaria. Esa pausa evita que sigas tu reactividad habitual de siempre.


claroscuro matutino














Original en inglés y fuente, aquí.
Traducción al español e imagen, mías.

miércoles, 16 de julio de 2025

Vulnerabilidad 9


En la cola para pedir tu reincorporación al sistema y sacar tu credencial del INE, después de veintitantos años, la señora que viene atrás te piropea: "¡Qué bonito su pelo!" o algo así. Entonces comienzan a hablar de las canas y cómo le gustan a ella, aunque aún no le salen bien y entonces se las pinta. Siempre se te ha dado hacer amistades efímeras en las colas de trámites (¿herencia de tu mamá?). Tu hijo, dos lugares adelante de ti, permanece callado y casi inmóvil en la espera, aunque está pendiente, parece, de tu plática.

La señora en cuestión viene sin cita a ver si logra sacar su credencial. La suya se la quedó, por error, su hija y parece que vive lejos. Ella la necesita para hacer trámites, sobre todo ahora que su marido murió. Hace apenas una semana. Le dices que lo sientes. Te agradece y siguen hablando del agobio que produce la burocracia. Solo armándose de paciencia señala ella. Cuanto terminas tu trámite, sorprendentemente rápido, intentas despedirte, pero ella está muy enfrascada con el suyo y solo le deseas, de lejos sin que lo sepa, buena suerte.

Llevas semanas, sí probablemente varias, sintiéndote, otra vez, vulnerable, como tantas otras veces (12345678) lo has documentado en este blog. Debe haber muchas más sin la etiqueta tal cual. Es la condición humana, ¿no?, aunque no siempre nos guste verlo.

Te dan ganas de llorar mucho más seguido que de costumbre. Y el corazón se te acelera a la menor provocación. Hasta te compraste un baumanómetro para checarte la presión, que está bien, crees, pero el pulso, acelerado. Sí. Piensas en quienes no están y en quienes podrían no estar. Te da miedo. Te cuestionas las decisiones que has tomado en la vida y te horrorizas de pensar en los trámites pendientes: desde al acta de nacimiento que debes corregir allá en Arcos de Belén en la ciudad que sigues llamando DF, en la oficina que en tu mente toma la forma de uno de los círculos del infierno de Dante. Ojalá te equivoques. Hasta los aún inimaginables pasos y diligencias que te llevarán, con suerte, a una mínima pensión por tus años de servicio cotizados.

Le escribes a tu amiga con cáncer que quizá no sea tan tu amiga. No te responde. Te preparas, sin ganas, para el verano de estudios budistas avanzados. Te desmotivan las actitudes de los maestros y de algunos colegas. Te preguntas si no sería mejor abandonar de una vez. Prueba a ver cómo empieza la cosa, sugiere tu hijo. Tiene razón, piensas. Lo harás y luego a ver qué.

Tu hijo, más atento y más amoroso, como en sintonía con tu necesidad acrecentada de momento. Lo agradeces, mucho, y le agradeces. No quieres abrumarlo, pero a veces aún lloras cuando se marcha de casa, aunque ya no viva allí, y le mandas buenas vibras a medida que sube la cuesta que conduce a la salida de La Arboleda. Se te reactivan, lo sabes de sobra, los miedos ancestrales: al abandono, a la distancia, a la separación, al rechazo. Ni modo. A seguir lidiando con ellos. Hacerte su amiga sería una mejor opción. 

A muy pocos les gustan tus fotos en instagram. O simplemente será que muy pocos las ven o se fijan. Igual has vuelto a subir alguna. Has vuelto a escribir en el blog. 

Por suerte hoy tuviste sesión con A, tu paciente favorita. Parece que la cosa funciona de ida y vuelta: te sientes mejor después de atenderla y ella se siente mejor después de la sesión. Con todo y el sol en la cara. Las gaviotas surcando el cielo y la abeja más grande que haya visto rozándole la cara. Cómo le sale lo europeo en esos instantes: el horror a los bichos. Será por falta de convivencia, como si de extraterrestres se tratara.

Hace dos días te encontraste con este pajarito al pasear de tarde.
Durante un instante, se conectaron sus miradas y luego emprendió el vuelo:





miércoles, 2 de julio de 2025

Versiones

microrrelatos al estilo de las "Versiones" de Ana María Shua en su Casa de geishas


Sapo y princesa 1

Cuando la princesa acerca sus labios a la frente del sapo, este huye presuroso del potencial beso. Le horroriza la posibilidad de perder la fisonomía que asegurará su puesto como rey del charco. 

*

Sapo y princesa 2

La princesa se dispone a besar el sapo, arrastrada por quién sabe qué suerte de zoofilia aprendida. Entonces la voz de la reina se convierte en la mano que de un zape hace volar al batracio de regreso al agua. Cuando la princesa interroga a su madre con los ojos, la soberana explica: "Se parecía demasiado a tu padre".

*

Sapo y princesa 3

Cansado de que cuanta joven con tiara y traje largo bordado con lentejuelas intente plantarle el mentado ósculo de la profecía sin ningún resultado, el sapo decide cambiarse de estanque y empezar a besar muchachas jóvenes sin tiara ni lentejuelas. Quizá alguna se convierta en la rana de sus sueños.